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Viajes con niños: Trastadas, pollos y marrones

Viajar con niños es una experiencia maravillosa pero a veces las cosas se pueden torcer. Los niños y niñas son unos seres especiales, con cierto grado de autonomía e ideas propias de lo más variopinto. Cuando menos te lo esperas te pueden meter en una situación embarazosa de las que dices – Tierra trágame, o te pueden montar un sarao tremendo. La vergüenza tampoco queda excluida, hasta el extremo de disimular, haciendo ver que ese niño no es tu hijo. Existen muy buenas razones para viajar en familia y algunas de ellas las he compartido con vosotros pero ocasionalmente al otro lado de la balanza aparecen sorpresas no tan agradable o dulces que solo el amor y el humor equilibran.

Pero es que son niños, y son así, para lo bueno (la mayoría de las veces) y lo malo (esporádicamente). Y es que a ver, que levante la mano el que no ha hecho una chiquillada cuando era un renacuajo. Para empezar yo puedo contar que una vez en el Aeropuerto de Barcelona me gané una buena bronca de mis padres. En la pasarela que va de la estación de tren hasta la Terminal T2 apreté el botón (uno rojo que me llamaba mucho la atención supongo) que paraba la cinta transportadora. Ahora ya no existe. Todos los pasajeros y sus maletas quedaron frenados en seco por mi curiosidad. Nosotros cinco íbamos bien cargados, camino de Málaga a pasar las vacaciones, y a mis padres no les hizo nada de gracia aquello. Los otros damnificados nos miraron con unas caras nada simpáticas. Y recuerdo que me gané una buena bronca. Unas vacaciones en familia por suerte no empiezan siempre así.

Pasan los años y ahora son mis hijos los actores principales de la comedia, o drama, según se mire. Hace unos meses mi hijo Guillem se puso a chillar a unos flamencos en el Delta del Ebro que estaban muy cerca, y claro, levantaron el vuelo en bandada, asustados. La verdad que rompió un momento especial pues estos lindos pájaros parecía que los podíamos tocar con la mano de lo cerca que estaban. Al lado teníamos una pareja con pinta de ornitólogos venidos por lo menos desde Bélgica, con sus cámaras, prismáticos y su ropa de tonalidades miméticas con el paisaje, que pusieron una cara indescriptible. ¡Qué bochorno!

Pero no soy el único que ha pasado por situaciones tan chisposas. He pedido a mis amigos de Travel with Kids Blogs que por un momento recuperen alguna de las actuaciones estelares de sus hijos. Las querrían olvidar pero son situaciones imborrables.

Ester de Mi Pequeño Gulliver nos cuenta que volaba de vuelta de Lanzarote a Madrid con Indira de 4 meses y …

…nos estábamos colocando en los asientos y ya estaban cerrando puertas para despegar. Indira se hizo caca y claro, queríamos cambiarla el pañal enseguida para no tener que esperar a estar volando bien alto. Como estábamos a punto de despegar pregunté a un azafato si podía ir a cambiar a la niña y el chico me preguntó: ¿A qué asiento la quiere usted cambiar?
Estaba claro que este azafato ni tenía hijos ni había tenido mucha experiencia con bebés, jejeje. Nos reímos bastante.

Otra buena anécdota viajando con niños nos la relata Pau, de El Pachinko.

Recién aterrizados en el Aeropuerto Internacional de Incheon en Corea pillamos un bus que nos iba a llevar a nuestro hotel en el centro de Seúl.
En Corea son bastante escrupulosos con la limpieza y el aeropuerto y el autobús estaban en perfectas condiciones. Habíamos tenido un viaje largo pero muy tranquilo. Casi 24 horas para llegar de Alicante a Incheon con paradas en Madrid y Dubai.
Pero con lo que no contábamos es con un conductor de autobús que quería imitar a Fernando Alonso a la hora de coger las curvas y hacer las paradas. El estómago del pobre Teo no lo pudo resistir y pese a ser un trayecto relativamente corto, acabó por devolver todo el menú infantil que se había comido durante los vuelos.
Nosotros no teníamos ni idea de coreano y nadie hablaba inglés en ese autobús, así que quisimos que la tierra nos tragara al ver aquel pulcro autobús lleno de vómitos de un crío de dos años y medio. Es sólo una anécdota pero por unos segundos quisimos que la tierra nos tragara. El resto del viaje fue como la seda y todo el mundo se quería hacer fotos con nuestro Teo.

Sandra de My Family Passport nos explica otra anécdota.

En un vuelo que hicimos Barcelona-Madrid cuando Adrià tenía 7 meses para hacer escala, ya que luego nos íbamos a Isla Margarita. Era un fila con tres asientos, y nos tocó ventana y en el medio (yo creo que es mejor pasillo para que tenga más movilidad). El señor no quiso cambiarnos el asiento, y Adrià no paraba quieto, además no tenía asiento asignado sino que lo teníamos que llevar sentado en la falda. Al final tanto moverse en tan poco espacio, cuando el señor todo trajeado se estaba bebiendo su vaso de agua, Adrià le dio un golpe y le derramó parte del agua encima de su precioso traje…fue un momento de estos de #noesmihijo #tierratrágame #suertequeeraaguayseseca #ahoraentiendesporquetehepedidoquemecambiaraselasiento

Pili Manrique también vivió una situación embarazosa en Amsterdam. Esta es la historia que nos llega desde Bienvenidos a Lilliput.

En nuestra visita a Amsterdan, uno de los días decidimos que, mientras los peques dormían la siesta, daríamos un paseo por el barrio rojo. Queríamos que estuvieran dormidos porque nos daba “cosa” pasear con ellos despiertos por allí (en plan ojos que no ven corazón que no siente). Como nuestros peques en aquella época eran de siesta segura, en el momento que empezaron a dormir la siesta en el carrito doble que llevábamos, cosa así de las 4 de la tarde, nos adentramos en el barrio.

Cuando pasamos por una de las calles típicas de los “escaparates”, varias de las “trabajadoras” (estaban casi todas en los quicios de las puertas), empezaron a echar piropos a los niños dormidos. No sé como se desmadró la situación, pero en un segundo estábamos rodeados de “chicas” diciendo lo bonitos que eran los niños mientras dormían…. Fue una situación en la que pensábamos ..”uyuyuy esto es mu raro…creo que deberíamos salir de aquí…yo soy un padre responsable…ay si me viera mi madre… tierra trágame”.

Viajar con niños te depara estos grandes momentos inesperados que parecen el fruto de un guionista retorcido que disfruta poniendo en apuros a los progenitores. Pero estoy convencido que tú tienes algo todavía mejor, una anécdota que supera las relatadas aquí. Seguro. Me encantaría que la compartieras en los comentarios, o en nuestro muro de Facebook, para pasar un buen momento recordando con humor, estas situaciones de las que nadie nos había advertido antes de ser padres y lanzarnos a conocer mundo.

¿Cuál es el mejor pollo que te han montado tus peques en un viaje?

6 comentarios en “Viajes con niños: Trastadas, pollos y marrones

  1. Buenas Daniel! Que divertido leer este post! 🙂 No tengo niños todavía, ni los estoy planificando… pero tengo un sobrino – y ay cuantas cosas hace! Hasta un viaje a cualquier supermercado se transforma en algo inolvidable! 🙂

    También a veces necesito un traductor especial para entender lo que dices 🙂
    “variopinto, sarao tremendo, renacuajo etc “.

    Saludos

    1. Ilona, llevas razón cuando dices que hasta acercarse al supermercado puede resultar una auténtica odisea je je
      Gracias por tu comentario, y perdona esas palabras tan “raras” 🙂

  2. Muy bueno el post! Jejeje mi niña aún es muy peque y no nos la ha liado gorda todavía en un viaje… aunque estando de viaje en Barcelona cuando tenía 3 meses fue entrar a cenar En una pizzeria pequeña y la niña venga llorar sin saber qué le pasaba… y salíamos fuera y se callaba. Volvimos a entrar y otra vez a llorar y la gente nos miraba como pensando por qué no la hacíamos callar… qué bochorno!

    1. Es que muchos de esos momentos estelares que nos regalan nuestros hijos son del todo inesperados o inexplicables!!!
      Gracias M. Carmen por pasarte por aquí y por el comentario.
      Paciencia 🙂

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