Mercato di Capo, en Palermo

Crucero Mediterráneo – Paseo por el Mercato di Capo en Palermo

Palermo es una de las ciudades que más me impresionó en nuestro Crucero por el Mediterráneo. Lamentablemente, como suele pasar con los cruceros, tienes poco tiempo para visitar los destinos donde el barco hace escala. La sensación de falta de horas quizás aumenta si decides ir a tu aire, sin participar ni pagar las excursiones que siempre proponen en los cruceros. Pero normalmente vale la pena buscar tu propio rumbo, y más en esta ciudad, ya que la distancia desde el puerto al centro de la ciudad es poca cosa y puedes ir andando con total tranquilidad en dirección al centro.

Puerto de Palermo
Vista del puerto de Palermo

En nuestra escala en Palermo decidimos vagabundear sin rumbo fijo buscando captar el pulso de la ciudad. Después de entrar y ser muy bien atendidos en la Oficina de Información Turística de Palermo que hay cerca del Teatro Politeama Garibaldi, decidimos acercarnos a unos de los mercados de esta antigua ciudad en Sicilia. Los mercados, para captar la vida cotidiana de un lugar, nunca fallan. Y nosotros somos unos enamorados de los mercados mediterráneos, y de cualquier otro lugar del planeta.

La Oficina de Información Turística que consultamos es un pequeño edificio, casi se podría llamar quiosco, de bonitos aires modernistas. Se encuentra en el cruce de Via Emerico Amari con Ruggero Settimo.

Desde ese lugar empezamos a andar en dirección a la Piazza Giuseppe Verdi donde se encuentra el Teatro Massimo. La verdad es que no nos detuvimos a observarlo demasiado, ya que los ojos se nos iban sin dudar hacia la gente y las situaciones que ocurrían. Por ejemplo una sesión de fotos de una pareja de novios recién casados, con sus poses almibaradas y cara de felicidad. Que si ahora esta composición, agarrados por la cintura, una mano en el hombro, ella delante, la cola extendida. En fin, todo un espectáculo en medio de la calle. A la italiana y en Palermo.

Carrialcachofas. Mercato di Capo
Mogollón de alcachofas

Llegamos al cruce con la Vía San Agostino y tomamos la calle para adentrarnos en la zona del mercado, del Mercato di Capo de Palermo. Sugestivo nombre que visto al final como transcurrió el paseo viene que ni pintado.

Estuvimos recorriendo toda la calle mencionada antes, disfrutando de lo lindo con el panorama de mercancías allí expuestas. En la primera parte encontramos muchas tiendas de ropa y telas, también cacharros de cocina, cacerolas, aceiteras y ese tipo de cosas para el hogar. Siguiendo hacia arriba, con el mar a la espalda, se llega la zona de verduras, frutas, carne y pescado.

Una de las carnicerías del mercado en Palermo,. Italia
Una de las carnicerías del mercado en Palermo,. Italia

El espectáculo es total, por la variedad y colorido de los productos y por el continuo ajetreo e ir y venir de gente autóctona. El ruido, las motos circulando por espacios imposibles, el suelo lleno de restos de la jornada, el olor, los gritos de los tenderos promocionando sus productos. Los toldos de las paradas se tocan por encima de nuestras cabezas, los de una acera con la otra y la luz debajo adquiere tonos cambiantes. Por allí vimos poquísimos turistas. Haciendo pequeños desvíos por las calles laterales observamos un paisaje urbano bastante degradado, con fachadas en mal estado, misteriosos cables de la luz con un lío de empalmes, hierbajos y restos de basura. La impresión es la de un barrio muy humilde que pide a gritos una rehabilitación. Pero el espectáculo vale realmente la pena. Seguimos.

Pescadería en Mercato di Capo

Después de caminar un buen rato y comprar alguna chorradita vimos algo que nos llamó poderosamente la atención. Un puesto donde vendían carne expuesta en un escaparate frigorífico portátil y detrás,  oculto con una cortina de tela a cuadros, parecida a un mantel, algo que parecía… un bar. Sí, al lado de unas cajas de cartón amontonadas y una escalera vieja, de madera sucia, apoyada en la pared. Vimos entrar un tipo y por segundos observamos una mesa con cervezas vacías y alguien jugando a las cartas. Evidentemente no había ni letreros ni nada. Pensamos que igual sería el sitio en el que los vendedores y trabajadores del mercado se tomaban un descanso, una copita. La trastienda de un puesto del mercado en el que se reunían los vendedores, o algo parecido.

Mercato di Capo, en Palermo
Mercato di Capo, en Palermo

Después de titubear un poco decidimos entrar. Los ojos de los allí presentes se clavaron en nosotros, los extraños.  Preguntamos si podíamos tomar algo y después de unos segundos que se nos hicieron eternos obtuvimos  un sí por respuesta. Nos inclinamos por un vasito de vino. Tampoco había mucha elección. En la mesa se amontonaban una colección de cervezas vacías, en la barra cuatro botellas de vino. Ninguna otra opción a la vista, ni máquina de café ni nada. Pues vino.

Taberna de Palermo
Personal variopinto en la taberna

Pronto entablamos una agradable conversación mezcla de español, italiano, catalán y siciliano. Cuatro lenguas con historias entrecruzadas en Sicilia. El más joven de los presentes, Vicenzo, era el más animado y sin dejar de jugar a las cartas y engullir cerveza nos preguntaba de todo. Y especialmente si comprendíamos el siciliano. Vicenzo resultó ser todo un personaje, nos relató su vida (hijos, accidentes, estancias en un hotel de cinco estrellas por una temporada) y nos apuntó muchos detalles del barrio. Historias de lo más suculento.

Nos invitaron a los vinos, y sin mucha capacidad de elección, Vicenzo nos acompañó a dar una vuelta para recomendarnos el mejor sitio para comer cerca del mercado. Salir a la calle con él fue un espectáculo. ¡Todos le besaban y le saludaban! Así empezamos a ver parte de lo ya recorrido pero con otra dimensión. Algunos de los chicos que les saludaban llevaban unos boletos en la mano y dinero. Eran para los sorteos o loterías que se organizan en el barrio. Una alternativa a la precaria situación laboral de la zona.

La comida resultó ser la mejor del viaje que realizamos en crucero. Sentados bajo un parasol en la terraza de una trattoria sencilla y muy animada. Por supuesto nuestro cicerone comió con nosotros, y bebió. ¡Menuda sed arrastraba el hombre! Por 14 euros los tres comimos pasta, albóndigas, sardinas, café, licores, pan y unas deliciosas olivas para picar al principio. Sencillamente riquísimo.

Un poco “tocadillos” con tanto vino y cerveza y licores nos despedimos con un abrazo de nuestro singular amigo y acompañante. Y emprendimos el regreso hasta el puerto para embarcar de nuevo en el Costa Concordia. Entre risas comentábamos los mejores momentos de nuestra jornada paseando por el Mercato di Capo, en Palermo. Subimos la pasarela del buque y ascendimos a la cubierta más alta para despedirnos muy satisfechos de nuestra visita a Sicilia.

2 comentarios en “Crucero Mediterráneo – Paseo por el Mercato di Capo en Palermo

  1. Hola!! Veinte años debe hacer ya que visité Roma, bueno, en realidad entré en Italia por Milan y fui bajando hasta Nápoles. En Roma tocaron 5 días, cortos, muy escasos para tanto que ver. Lo compenso el próximo día 18. Con distinta compañía que la vez anterior me voy de nuevo a Roma, otra vez 5 días. Servirán apenas para recordar lo que ya vi hace tanto, pero merece la pena. Gracias por traerme buenos recuerdos, muy buen contenido en el Blog

    1. Veinte años no son nada para Roma 🙂
      Seguro que sigue esplendorosa como la recuerdas.
      Saludos y gracias por pasarte por aquí.

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